1.2. La Segunda Guerra Púnica. Los bárquidas en Hispania

Los bárquidas en Hispania

No será hasta este momento del siglo III a.C., cercanos a las últimas tres décadas del siglo III a.C. cuando la península ibérica entre de pleno en la geopolítica del Mediterráneo occidental, y será una entrada por “la puerta grande”, adquiriendo un repentino protagonismo histórico.

El desembarco de Amílcar con sus tropas se produce en la ciudad de Cádiz en 237 a.C., entonces llamada Gadir por los fenicios, que cuenta con un puerto inmejorable, además de una tradicional implantación de colonos fenicios, templos de gran prestigio en el mundo de la Antigüedad y un recinto urbano atractivo. Controla desde su posición recursos como pesca, cultivos, metales preciosos en abundancia que allí se comercializan. Desde allí la conexión es con la Turdetania, una zona rica. En la ciudad hay talleres, factorías. Será desde aquí donde se proyecte la actividad sin parangón que desplegarán los bárquidas dirigidos por Amílcar en los campos de lo militar y lo diplomático que construyan una zona de influencia púnica.

Después de cerrar acuerdos con otras colonias y asentamientos fenicios tanto del valle del río Guadalquivir como de la costa de la actual Andalucía, Amílcar cree necesario trasladar el centro de su poder a una nueva ciudad, a la que el historiador Diodoro Sículo (XXV, 10, 3; 12) llama “Akra Leuke”, pero no menciona su nombre púnico.

Esta ciudad se confunde con Alicante, la Lucentum de los latinos, pero esto no tiene demasiado sentido, pues si funda Alicante, ¿para qué fundar Asdrúbal Cartagena, que está algo más al sur? La ocupación púnica sigue el camino de oeste a este, y de sur hacia el norte, de una manera progresiva, a medida que aseguraba partes del territorio. Lo lógico y que reúne un grado de mayor probabilidad es que la base logística de Amílcar de nueva planta se hiciese para consolidar y vigilar los intereses cartagineses que estarían asegurando por aquel momento en el distrito minero de Sierra Morena. Hay que señalar que el adjetivo griego “leukos” se aplica a territorios costeros, pero también a emplazamientos que están en el interior. Otro aspecto refuerza esta idea es los matrimonios que se conciertan para Asdrúbal, el yerno de Amílcar, y para el propio Aníbal Barca, pues serán con la aristocracia de Cástulo donde hay grandes yacimientos de plata. Y la Cástulo ibérica se ha situado en la Linares de nuestros días, en Jaén. De hecho, no deja de ser interesante que entre Cádiz y Linares hay 368 kilómetros, y entre Linares y Cartagena hay 331 kilómetros hoy día. Lo que hace pensar que “Akra Leuke” está a medio camino entre Cádiz y Cartagena, en pleno distrito minero de Sierra Morena, y con los recursos naturales que abundan a su alrededor, actuando como centro administrativo, de gestión y de dominio en la región.

El hecho de fundar una ciudad en un lugar tan estratégico anuncia la intención de asentarse y gestionar la riqueza de la región, con lo Amílcar enciende las alarmas de los romanos que envían una embajada a Hispania en 231 a.C., a la que Amílcar recibe con honores y les dio todo tipo de explicaciones que los romanos les demandaron. Les dijo que sólo les hacía la guerra a los hispanos y cuando no había otra solución, y que de ahí estaban saliendo los talentos que se enviaban a Roma. Si Roma quería cobrar, no había otra manera. Y con ello, para Roma Hispania ya es otro lugar sobre le que empezar a proyectarse geopolíticamente a partir de ese momento, de una manera u otra: la península ibérica es un sitio absolutamente estratégico y es rico. Ahora los romanos ya están al día de ello, y de los avances imparables de Amílcar allí.

Una vez Amílcar domina el valle del Guadalquivir, Sierra Morena y todos sus recursos, ahora y sólo ahora, el siguiente paso es avanzar hacia el sureste de la península y buscar un lugar sobre el que fundar una base que de una salida al mar alternativa a Cádiz, que queda para una esfera del comercio cartaginés, y es preciso hacer otra en el Mediterráneo. Para ello, Amílcar sigue el curso del río Segura. Y aparece sitiando Heliké, a la que se ha identificado con Elche, pero estamos ante la misma situación que con Akra Leuke mencionada más arriba. Según las fuentes se trata de un lugar cerca del curso alto del Segura y nos mencionan a las tribus oretanas que se oponen al avance cartaginés. De nuevo, ¿para qué fundar Cartagena si ya tienes Elche? Elche de la Sierra en la provincia de Albacete se propone como una buena candidata. De nuevo, entre Linares y Elche de la Sierra hay 144 kilómetros, y de Elche de la Sierra a Cartagena hay 172 kilómetros.

Será precisamente aquí, cuando Amílcar fallece durante el asedio de Heliké (229/8 a. C.) cuando es atacado por el rey Orisón, que interviene contra Amílcar para ayudara los sitiados (Diodoro 25, 10, 3). La conquista de Heliké es una pieza clave para el plan de sometimiento del entorno de las antiguas factorías fenicias enclavadas en la costa mediterránea y atlántica. La otra parte del proyecto consiste en abrirse paso a través de la zona minera de Sierra Morena hasta el Mediterráneo, y se llevará a cabo con el sucesor de Amílcar, que será su yerno Asdrúbal, que una vez consolide la salida al mar Mediterráneo funde Cartagena, sucesora de Akra Leuke, y a partir de ahora gran centro del dominio de los bárquidas (c. 228/7 a. C.). El nombre de la ciudad es idéntico al de Cartago (Qarthadasch, “Ciudad Nueva”), y tiene un marcado carácter programático, demostrando con ello la vocación de unir a ambas ciudades y con ello se aseguran el carácter sostenido por todos los lazos posibles con la península ibérica y África, y de nuevo, encontramos una vertiente comercial de productos de una región amplia, tal como Cádiz, a lo que se suman minas de plata, campos de esparto, fundamental para cestos, calzados y un amplio etcétera, además de pesquerías.

En aproximadamente algo más de un decenio los bárquidas han consolidado un dominio que queda delimitado por el río Guadalquivir y el río Segura en su lado norte, además del Atlántico en el suroeste, y el Mediterráneo por el sureste.

Allí se ubican explotaciones agropecuarias y zonas de explotación mineras que son las más prósperas de Occidente (Estrabón 3,1-6; 2,1; 2, 3-6); además, las planicies del interior se explotan mediante métodos de cultivo extensivo y el desarrollo de una copiosa ganadería, los fértiles valles de los ríos Guadalquivir y Genil facilitan una explotación intensiva del suelo, semejante a la que practica Cartago en el norte de África y que rendía considerables cantidades de aceite, vid y cereales.

Esta región había vivido una fuerte aculturación durante la época que va del siglo VIII al III a.C., impulsado desde las factorías fenicias que se repartían entre el Atlántico y ese lado del Mediterráneo. Los fenicios empezaron asentándose por los metales estratégicos del momento, y pasaron a desarrollar una compleja y altamente diferenciada estructura económica.

En este momento de consolidación por Asdrúbal, el yerno de Amílcar, los bárquidas controlan el distrito de Río Tinto (Huelva) con cobre como elemento más destacado, hierro y plata en la zona de Sierra Morena-Cástulo (Linares, en Jaén) , a lo que sumarán el sector minero de la Sierra Almagrera con salida al mar en Villaricos (Almería), así como las minas de plata cerca de Cartagena (Estrabón III, 2, 8-11).

Por la división de sus ejércitos a la hora de defenderse de Roma podemos deducir que administrativamente el territorio se divide en tres unidades administrativas o pagi, con tres cuerpos del ejército confiados a Asdrúbal, hijo de Giscón (litoral atlántico), Magón Barca (zona del Estrecho) y Asdrúbal Barca (litoral mediterráneo), esto determina el dominio del sur y el sureste peninsular ibérico.

Sobre el auténtico alcance de los dominios cartagineses en Hispania cabe reflexionar sobre un hecho fundamental. Los hallazgos arqueológicos muestran que para este periodo la cerámica de barniz rojo, propia de la cultura fenicia, ya sea por naturales de este pueblo, o por pueblos de la región que toman estas referencias culturales, abarcan estrictamente esta región. Más al norte de la línea del Segura las influencias son otras. En esta región cartaginesa se hallan tesoros con monedas púnicas destinadas al pago de tropa al sur de la línea marcada por el Guadalquivir y el Segura.

Ante tal cuestión y tal concentración de riqueza y recursos de todo tipo, incluidos los humanos, Roma se muestra intranquila. Los intercambios de tipo mercantil entre Roma y su federación se empiezan a rastrear en este marco temporal: objetos de bronce y cerámicas de Etruria (grosso modo, la actual Toscana), la cerámica de barniz negro, estampillas hechas en Etruria, en el Lacio y en Campania que se manifiesta en la producción de platos con relieves. Estos artefactos, producidos en Caere, al sur de Etruria, en Campania (alrededor de Nápoles) y la misma Roma están presentes al norte de la línea marcada por el Guadalquivir y el río Segura, con lo que podemos presumir un reparto de esferas de influencia, propio de una potencia ganadora aliada con Marsella y apoyada por asentamientos griegos, como los de Ampurias/Empúries. Así que el asentamiento y fundación de Cartagena, ahora sí, en la costa mediterránea, pone nerviosa a Roma, que está, recordemos entretenida con el Adriático y los celtas de la Galia Cisalpina, una vez pasado el río Rubicón, hoy día dentro de la República de Italia. Polibio (II, 13, 7), nos explica que los romanos:

“(…) mandaron legados a Asdrúbal y concluyeron con él un pacto en el que, pasando por alto el resto del territorio hispano, se dispuso que los cartagineses no atravesarían con fines bélicos el río denominado Iber”.

Este río, llamado en griego Íber y en latín Hiberus, es el límite por el norte de los dominios cartagineses. Se ha querido ver en este río el actual río Ebro, pero la presencia de materiales comerciales, la ausencia de los yacimientos dados al sur de la línea Guadalquivir-Segura, la determinación romana de proyectarse geopolíticamente, que hemos podido comprobar al aguardar lo suficiente para ver a Cartago agotada y al borde del colapso para declarar una guerra incruenta que supuso la incorporación de Cerdeña y Córcega para los romanos… todo ello nos lleva a pensar que la alianza de los romanos con Marsella y la proyección de esta ciudad en las costas de lo que hoy sería el litoral catalán septentrional, la visita a Akra Leuke de una delegación anterior, y la información que de rutas comerciales se podía sacar de Hispania y su fachada Mediterránea al norte del Segura, nos lleva a concluir que río Iber o Hiberus no es el río Ebro. Sería una muestra de generosidad sin precedentes, entregar a los cartagineses tres cuartas partes de la península ibérica, y más viendo la riqueza que los bárquidas estaban obteniendo de ese trozo peninsular, si se proyecta al resto de la península y Roma lo permitía… Roma se estaba poniendo la soga al cuello. De modo que no, lo que le exige Roma a los bárquidas es que detengan su avance militar en dónde lo han dejado, el río Segura.

Por si fuera poco, Polibio lo explica en III, 30, 3:

“Si consideramos la destrucción de Sagunto como el motivo de la guerra tenemos que reconocer que los cartagineses fueron los culpables de que ésta estallara por dos razones. Por una parte, incumplieron el tratado de Lutacio que daba seguridad a los aliados y prohibía inmiscuirse en la esfera ajena, por otra parte, violaron el tratado de Asdrúbal que prohibía cruzar el río Iber al frente de un ejército.”

Bien, si Aníbal toma Sagunto y no dice, en lo que tiene que ver con el segundo tratado, el de Asdrúbal, que Aníbal había cruzado el río Iber… ¿cómo va a ser el Ebro, que está 172,7 kilómetros dirección norte partiendo de Sagunto y siguiendo la costa?

Tito Livio, el historiador romano de la época de Augusto, explica en su magna obra “Desde la fundación de la ciudad”, en XXI, 2, 7:

“Con este Asdrúbal, dado que había demostrado una sorprendente habilidad para atraerse a los pueblos e incorporarlos a su dominio, había renovado el pueblo romano el tratado de alianza, según el cual el río Hiberus constituiría la línea de demarcación entre ambos imperios y se respetaría la independencia de los saguntinos, situados en la zona intermedia entre los dominios de ambos pueblos”

Dejando claro que Sagunto no está en área de influencia de los cartagineses, si no en una “zona intermedia” entre ambas esferas imperiales, aunque por los restos cerámicos sí que vemos que al norte del Segura el comercio cae del lado romano-itálico.

Otra idea que refuerza este hecho viene dada por la llegada de los romanos a la península ibérica y el inicio de una costosa incorporación. Tal acontecimiento, que sucede en 197 a.C., una vez deciden consolidar y administrar los dominios logrados en la península ibérica, lo hacen de una manera muy consecuente con los romanos, pues empiezan adaptando nombres topográficos al latín, y respetando las demarcaciones. Es interesante que la primera división que hacen de la península establece una parte delimitada por la frontera del Guadalquivir y el río Segura. De ambos accidentes hacia el sur será Hispania Citerior. Desde el Segura, siguiendo la costa, hasta los Pirineos, la Hispania Ulterior.

Pero lo cierto es que, aún conteniendo a los cartagineses entre los ríos Guadalquivir y Segura, el territorio controlado en ese espacio es mayor que el de Sicilia y Cerdeña juntas y muchísimo más productivo que el dominio de Numidia, en el norte de África.

La muerte de Asdrúbal y el ascenso de Aníbal. Las campañas hispanas

La muerte de Asdrúbal en 221 a.C., siete años más tarde que la muerte de Amílcar, que fue hecha a manos de un esclavo del rey celta Tagus, que de esta forma vengaba la muerte de su antiguo amo, en Silio Itálico I, 155-170.

Esta situación hace que el mando de la familia Barca pase a Aníbal y sus primeras acciones ya dan muestra de un notable dinamismo. En la primavera del 221 a. C. reorganiza su ejército e invade las tierras de los olcades tomando la ciudad de Altaya, cuya ubicación se desconoce. La resistencia que se trata de oponer a su avance no tardará en descomponerse. El resto de las ciudades perciben el terrible poder ofensivo desplegado por los cartagineses, así que optan por rendirse, y aceptan el pago de tributos (Polibio III, 13).

En el año 220 a. C. Aníbal se pone al frente de sus tropas partiendo desde Cartagena en dirección norte. Siguiendo el curso del Segura y del Guadalquivir, en cuyo curso inferior toma el camino dirección norte por la antigua Vía de la Plata penetrando en la meseta. Una vez alcanza la meseta, su expedición entra en las tierras de los vacceos en la cuenca del Duero. Los objetivos que persigue son las ciudades de Helmantica o Salamanca y Arbucale, la actual Toro. A pesar de que intentan defenderse, ambas ciudades no tardan en caer (Polibio III, 14). A pesar de que Polibio no nos da detalles sobre los motivos que se hallan tras esta expedición, no es difícil calcular que se trata de una campaña rápida hecha con la finalidad de obtener pillaje, reclutar nuevas tropas y apoderarse del grano necesario para alimentar al creciente ejército, mientras que se aprovecha las circunstancias para hacer un ensayo con un enemigo real respecto a la capacidad operativa del complejo dispositivo militar cartaginés que a cuyo frente está ahora Aníbal. Cuando vuelven a sus bases más allá del Guadalquivir y el Segura, los cartagineses serán hostigados por los carpetanos en los alrededores de la actual Toledo, en las orillas del río Tajo, pero logran vencer y conservar el buen botín que lograron.

Cuando en el año 221 a. C. Aníbal es el designado para ostentar el mando del ejército cartaginés en Hispania no hay contencioso alguno con la ciudad de Sagunto. Con bastante certeza el tratado de Asdrúbal es un claro factor de estabilización en las respectivas zonas de interés romano-cartaginesas, por un lado, mientras que limita las ambiciones y la ocasión de chocar entre los dos signatarios. Pero, es evidente, la nueva orientación político-militar de Aníbal, que queda patente a través de sus campañas contra los olcades y vacceos, sí parece haber producido conatos de alarma. Aunque ambas expediciones no pasan de ser correrías, ya que no se producen anexiones territoriales, hay que reconocer que introducen una nueva dinámica en el panorama político hispano. El factor novedoso que suscitan las operaciones orientadas por primera vez hacia regiones situadas al norte de la línea Guadalquivir es la conclusión de tratados de amistad con comunidades fuera del ámbito tradicional de las actividades púnicas.

Hagamos un incisivo en este punto, antes de seguir, pues han sucedido unas cuantas cosas que van a requerir que pensemos.

  1. Asdrúbal, el cuñado de Aníbal Barca, ha muerto.
  2. Asdrúbal ha fijado un tratado con Roma que determina que los cartagineses no pasen el río Iber, el río Segura de nuestro tiempo, quedando el resto del territorio de la península sin fijar límite.
  3. Lo que podemos concluir es que lo que Roma no desea es que ocupe Cartago más terreno del litoral mediterráneo hispánico. Si lo hace, se expone al conflicto de intereses con los romanos y sus aliados. Recordemos que Roma tiene una alianza con Marsella y ambas ciudades proyectan su comercio e intereses por el litoral mediterráneo hasta el río Segura. Recuerden, también, la distribución arqueológica de bienes y artefactos, cómo la esfera romana-itálica predomina en el litoral mediterráneo hasta, precisamente, la zona definida por el océano Atlántico, el Mar Mediterráneo y los ríos Guadalquivir y Segura.
  4. Aníbal se reafirma al ascender a la ostentación del máximo poder cartaginés en Hispania, y para ello cumple escrupulosamente el acuerdo… pero por un lado alejado del litoral mediterráneo asciende por la Vía de la Plata hasta alcanzar la meseta y el río Duero y sus afluentes, asaltando Helmantica/Salamanca y Arbucale/Toro, seguramente dos objetivos ricos y que persiguen demostrar a los habitantes de las mesetas el poder de las armas cartaginesas, con el marcado carácter de ausencia de las armas romanas.
  5. Luego, la conclusión para los autóctonos no sometidos a Cartago es que conviene cerrar acuerdos con Cartago, que de paso suponen oro, quitarse excedentes de población masculina y paz entre los territorios, y fundamentalmente con Cartago.
  6. Roma está en guerra por la Galia Cisalpina, que es el territorio que hay una vez pasados los ríos Rubicón y Arno marchando en dirección norte hasta los mismos Alpes, con la excepción de la Liguria. Tanto la Galia Cisalpina como Liguria son dos lugares poblados por los celtas. En 225 a.C. los bayos y los ínsubros emprenden la guerra contra Roma, que hacía ya unas décadas que fueron vencidos por los romanos. En este caso los gesatas, unos galos transalpinos, es decir, al otro lado de los Alpes, les dan su apoyo iniciando una guerra contra Roma, que los vénetos y los cenomanos prefirieron no secundar, manteniéndose fieles a Roma. Pero fueron vencidos con facilidad, con lo que los persiguieron los romanos y optaron por iniciar una campaña que les permitiese anexarse el valle del río Po, y el dominio de Mediolanum/Milán, el principal de los asentamientos ínsubros. El establecimiento de las colonias pobladas con seis mil latinos tanto en Cremona como Plasencia fue una medida que Roma contó como suficiente para pacificar la zona, estos acontecimientos deben tenerse presentes, así como que cosa también se precipitaron los acontecimientos que supusieron la declaración de la segunda guerra ilírica, entre 220 y 219 a.C. y que dejó a Demetrio de Faros derrotado y refugiado en la corte del rey Filipo V de Macedonia.

Cerrado este breve, pero imprescindible excurso, continuamos con Hispania. Los turboletas, cuyo territorio se corresponde con aproximadamente zonas de la actual provincia de Teruel, deciden que merece la pena formar parte de la confederación de pueblos hispanos liderada por Cartago.

Esta demostración de fuerza y la forma en que las alianzas se suceden a favor de Cartago hace que los acontecimientos se precipiten, y que, ya que sus principales competidores han cerrado una alianza con Cartago, Sagunto tenga que buscar alguien que equilibre los deseos del cliente, los turboletas, y sus patronos en la relación clientelar, los cartagineses.

Ante tal cuestión Roma, que está y estará con dos frentes abiertos en su área inmediata de acción, recuerden los dos conflictos que se han mencionada más arriba, no duda y se presta a asociarse con Sagunto. De acuerdo a los hechos, pero no obstante la falta de datos precisos que han llegado hasta nosotros sobre el particular, resulta muy improbable que el acuerdo alcanzado entre Sagunto y Roma date de fechas anteriores al año 221 a. C.

Al quedar establecido el vínculo contractual entre Sagunto y Roma (foedus), serán los romanos los que deberán socorrer a la aliada ciudad ibérica costera con su superioridad marítima y sus ejércitos en caso de producirse un conflicto bélico.

Cómo Sagunto llega a ser casus belli

Sagunto acosaba a los turboletas, que se alían con Cartago. Estos últimos piden la asistencia de Cartago, que decide intervenir y le exige a Sagunto que reconsidere su situación y abandonen su actitud respecto a los turboletas.

Es evidente que Sagunto sabe perfectamente dos cosas: el tratado de Asdrúbal impide a un ejército cartaginés atravesar el río Segura y avanzar, se entiende que por la vía de la costa. Al ser Sagunto ciudad con puerto de mar, y ya que para cumplir su amenaza Aníbal ha de cruzar el río Segura, los saguntinos se sienten seguros. Además, Roma, que está muy ocupada en su esfera de la Cisalpina y el Adriático, tiene una alianza con Sagunto. Así que Sagunto concluye que Aníbal no hará nada realmente en esta disputa con los turboletas. La negativa a atender los requerimientos de Cartago se traduce en que Aníbal cruza el río Segura y llega con un ejército a Sagunto. Entonces, los saguntinos siguen pensando que, llegados a este punto, Roma ha de acudir a cumplir el tratado, tal y como Aníbal lo ha cumplido hasta las últimas consecuencias con los turboletas. Los pueblos de la península ibérica miran interesados esa pugna, y también miran hacia Roma. A partir de este momento, lo local y lo global se solapan y se lanza el conflicto.

Con lo sucedido Aníbal demuestra que no va a aceptar las reglas que Roma impone en el marco hispano. A su vez, Aníbal se ve forzado a actuar así, pues en caso de no hacerlo, a ojos de los nuevos aliados la parte fuerte y con quien buscar una alianza sería Roma y no Cartago, con lo que sus recursos de todo tipo, incluidos los humanos, estarían a disposición de Roma poniendo en cuestión la firmeza del asentamiento de los bárquidas en Hispania.

El paso del Segura se produce en la primavera del año 219 a.C., mientras Roma mantiene el segundo conflicto en Iliria y tiene que pacificar la Galia Cisalpina (Polibio III, 17; Livio XXI, 7-15). La primera acción contra la ciudad de Arse, la actual Sagunto por parte de Aníbal es un asalto frontal, pero fracasa. De modo que no queda más solución que iniciar un asedio con una población bien defendida y con la esperanza de que Roma vendrá en su ayuda. Tomar la ciudad les cuesta a las tropas de Aníbal más de ocho meses, cuando la población ya ha comprendido decepcionada que Roma no vendrá a ayudarla, implicada en los escenarios en los que debe combatir y con el peligro de que el reino de Macedonia reacciones a la cuestión ilírica. Al final, las tropas de Aníbal asaltan la ciudad y Aníbal permite que sus soldados se dediquen al pillaje, imponiendo a los supervivientes un duro castigo que tiene una vertiente propagandística, desatándose una auténtica matanza entre los saguntinos, con la finalidad de advertir a otros pueblos hispanos a no desobedecer a Aníbal ni a los bárquidas. Que en Hispania Cartago es la potencia dominante, y que quien sea lía y es fiel a Cartago merece su protección, no importan las consecuencias; y, que quien se opone a Cartago o a un aliado cartaginés… ahí está lo sucedido a Sagunto, aliada con Roma.

¿Qué hará Roma? Lo cierto es que también esta situación propicia un casus belli para Roma para actuar contra Cartago y demostrar su autoridad a los hispanos. De este último punto se encarga Tito Livio (XXI, 19, 9-11) de explicarnos que los representantes de ciertos pueblos del norte de Hispania replican a mensajeros romanos que quieren atraerlos al lado romano:

¿No os da vergüenza, romanos, pedirnos que optemos a favor de vuestra amistad en contra de la de Cartago, cuando con quienes así lo hicieron vosotros fuisteis más crueles al traicionarlos que el enemigo cartaginés al acabar con ellos? Mi opinión es que vayáis a buscar aliados donde se desconozca el desastre de Sagunto; para los pueblos de Hispania las ruinas de Sagunto serán un ejemplo tan siniestro como señalado para que nadie se fíe de la lealtad o de la alianza romana.

Sin duda, el autor quiere reflejar la responsabilidad de Roma que se tiene que aducir para demostrar la superioridad propagandística, moral, militar y de capacidad de proyección geopolítica de Roma en detrimento de la de Cartago.

Por tal razón Roma despacha una embajada a Cartago para exponer los sucesos y reclamar responsabilidades por lo sucedido en Sagunto. La situación es relatada de manera diferente en Polibio (III, 29-33), que en Livio (XXI, 10, 11-13), que menciona una intervención de Hannón, donde este pide la entrega de Aníbal a los romanos. Debemos contar con que Polibio escribe desde el siglo II y Livio desde la propaganda de Augusto algo más de un siglo más tarde que Polibio. Al final, la embajada romana acude con la intención de declarar una guerra, pero debe haber algún elemento que lo propicie; no obstante, el Senado de Cartago percibe la trampa y se mueve con astucia. Al final, el Senado de Cartago acaba por decir al representante romano que decida él qué es lo que quiere para Roma y Cartago, y este dice que guerra.

Definiendo estrategias: Roma contra Cartago

Ambos contendientes tienen dos desafíos: el control del Mediterráneo occidental; y, dependiendo de cómo sea el resultado para el perdedor, la eventual desaparición como potencia de primer rango. Al respecto, una de las cosas que se mencionan es el juramento que Amílcar Barca le hizo hacer a su hijo, Aníbal. Se trataría de que siempre sería enemigo de los romanos, como le explicaría al monarca seleúcida Antíoco III.

Aníbal tiene que gestionar los siguientes condicionantes:

  • Roma domina el mar
  • Cartago ha quedado mermada en cuanto a flota y poder naval
  • Cartago es vulnerable a un ataque lanzado desde Europa a través del Mediterráneo central. Si tal situación se diera Cartago perdería ciudades, riqueza, se podría provocar una rebelión general contra Cartago tanto desde el frente libio como desde el frente númida. La ciudad ha demostrado ya su debilidad anteriormente, recuerden Agatocles y la Primera Guerra Púnica con Régulo.
  • Para hacer la guerra se necesitan suministros, armas, talleres, minerales, acuñar moneda que se acepte como pago, y una fuerte demografía. La base de la guerra está, en estos términos, en Hispania. Este punto se coordina con el anterior, porque esto convierte a Hispania en objetivo, pues cortando los suministros, bases de reclutamiento de mercenarios, controlando las minas, dañando la economía cartaginesa en Hispania… es una manera de ganar la guerra. Esto obliga a Roma a considerar una de las dos posibilidades, o las dos a la vez: atacar Hispania y/o Cartago.
  • De lo que carece Cartago en cuanto a demografía y aliados firmes en el hinterland de Roma, alianzas firmes con otros pueblos de su región vital inmediata y estratégica… de todo eso va sobrada Roma, que no tiene necesidad de usar mercenarios. Ha combatido Roma sin descanso, al igual que los bárquidas, pero estos últimos lo han hecho con mercenarios. Además, los romanos combaten en su terreno. Perder significa saqueos, violaciones, destrucción…
  • Roma, al definir una corona de islas grandes como parte estratégica de su territorio y proyección, además de al haber vencido a Pirro de Epiro, todo ello ha hecho que Roma “salte” sus límites naturales marcados por los ríos Arno y Rubicón al norte, las grandes islas del Mediterráneo, y el Mar Adriático. Gracias a la finalización de la Primera Guerra Púnica y los acontecimientos que se sucedieron Roma controló Córcega, Cerdeña, Sicilia y todas las islas entre Sicilia e Italia. La guerra en la Galia Cisalpina lleva a los romanos a enfrentarse a los galos que habitan a partir del Arno y el Rubicón hasta los Alpes, además de dominar a los vénetos (grosso modo, la actual Venecia y la región del Véneto) y ganar una proyección mayor sobre el Adriático. A ello se sumarán los celtas del otro lado de los Alpes que apoyarán, como ya se ha dicho, uno de aquellos conflictos. Las dos guerras hechas en Iliria abren un escenario que ponen a Roma en colisión con los intereses de uno de los reinos helenísticos que estaba en una fase de refuerzo y cierto ascenso, el Reino de Macedonia. A ellos se sumarán las otras zonas de influencia como son el Reino de Siria de los seléucidas y el Reino de Egipto de los lágidas o ptolomeos, además de las ciudades-estado griegas que están tratando de buscar soluciones que les permitan afrontar a un Reino de Macedonia en ascenso, y de colosos como los seléucidas y los ptolomeos, herederos de los generales que se repartieron el poder a la muerte del gran referente, Alejandro Magno.
  • De modo que Roma ha tenido conflicto con los griegos de la Magna Grecia, al sur de la península; es el hegemón de zonas donde habitan los oscos, los samnitas, los campanos… Siracusa, en Sicilia, sabe del poder y capacidad de Roma y mientras Hierón gobierne la ciudad, no se apartará de una política construida sobre acuerdos y pactos con Roma. Tenemos a los galos, que los del otro lado de los Alpes pueden considerar que Roma quizás se quede contenida ahí, o quizás salte los Alpes… al fin y al cabo, Roma ya tiene acuerdos con Marsella y las ciudades griegas del litoral septentrional mediterráneo de la península ibérica. A su vez, la fragmentación en ese momento de los galos o celtas los lleva a tener una postura acorde con su atomización y juegos de poder en el marco local. Partes de un pueblo galo pueden apostar por cooperar con Aníbal a cambio de un precio, pero otros pueden decidir que ese acuerdo a ellos no les atañe y marcar un perfil político propio. Otros galos pueden pensar que, si están tan cerca de Roma, y esta vence, entonces quedan muy cerca de las represalias romanas. Otros en cambio pueden considerar que están demasiado lejos y tienen buenas relaciones comerciales con aliados de los griegos de Marsella y de la península ibérica, y o bien pactar o bien granjearse el apoyo de los griegos aliados con Roma de una forma u otra. Para los galos de la Galia Cisalpina que han estado luchando, algunos de ellos, hasta hacía poco tiempo, quizás podrían prestar su ayuda de diferentes maneras a Aníbal, pues la victoria les devolvería su territorio, pero siempre teniendo en cuenta la tendencia a la fragmentación y atomización del poder celta, sus enfrentamientos por cuotas de poder, etcétera. Por último, tenemos a una potencia helenística militar, y hablaremos en este tema de la forma de hacer la guerra helenística y de la influencia de Alejandro Magno y de las monarquías helenísticas. Esta potencia helenística es el Reino de Macedonia, y está inquieto por el ascenso de Roma y su presencia en Iliria. De hecho, Filipo V de Macedonia acoge a Demetrio de Faros. Sus intenciones están claras, manifiestan animadversión hacia Roma.

Este es el panorama geopolítico y de las relaciones internacionales. Nos muestra con claridad que la guerra va a ser terrestre, pues es la única forma de salvar por parte de Cartago su deficiencia de naves de guerra como consecuencia de los tratados firmados con Roma. También se percibe una necesidad estratégica muy clara: Aníbal, dada su posición objetivamente inferior y dados también los condicionantes en la política exterior manifestados, sólo le queda una opción estratégica clara: velocidad, tierra, agresividad, inteligencia táctica, ir a la ofensiva. Tiene que aprovechar las circunstancias de Roma, su comprensión de la estrategia romana, y el panorama geopolítico de la región y la región ampliada para lanzar un ataque sobre la misma Roma que obligue a abandonar la estrategia romana, tradicionalmente ofensiva y agresiva, para que pase a ser defensiva. Asestar rápidamente cuántos más golpes y más definitivos a Roma mejor en el campo de batalla, y obligarla a negociar.

Pero con lo expuesto hasta aquí no es suficiente para alcanzar la victoria, y Aníbal lo sabe. ¿Qué razones tiene? ¿Cómo hacerlo?

El dominio marítimo de Roma dificulta, por no decir que imposibilita un desembarco de tropas masivo en Italia. El mar es de Roma. Luego, la ofensiva ha de ser terrestre. Para ello va a tener que pasar el río Segura dirección norte, cruzar el actual río Ebro, enfrentarse a los celtas e íberos de la península ibérica en la zona de cercanía a la costa mediterránea, cruzar los Pirineos, cruzar el Ródano, cruzar los Alpes y derrotar a los romanos. En todo ese viaje, habría pérdidas, y tendría que dejar cuerpos del ejército en zonas clave para tratar de mantener el control de regiones, como puede ser en la actual Cataluña. Además, tendría bajas en sus enfrentamientos contra los romanos. Cartago se enfrenta también a la cuestión de sortear la superioridad numérica naval romana para abastecer a Aníbal en Italia, por no hablar de mandarle refuerzos. Para ello, lo normal es que los refuerzos también lleguen por vía terrestre, haciendo los esfuerzos diplomáticos que sean precisos para facilitar esta cuestión y mantener expedita la vía para lograrlo. Para debilitar a Roma el valor añadido estriba en la alianza con los griegos: por tal razón, Aníbal, entre otras cosas que luego veremos, no deberá atacar a ningún contingente griego, tampoco ningún asentamiento griego. Deberá evitar las ciudades griegas del Mediterráneo español y Marsella. En caso de que llegara a Italia tampoco deberá atacar a los griegos del sur ni atacar a Siracusa, en ninguna circunstancia y sin hacer ninguna excepción. Deberá trabajar con Macedonia y atraerla hacia una alianza, por la proximidad con Roma, la calidad de su ejército, sus ambiciones en ascenso y jugar la baza griega. Por último, debe aislar a Roma de los otros pueblos itálicos.

Cómo la religión es un elemento propagandístico

A través de diferentes fuentes, entre otras las numismáticas, es posible reconstruir el mensaje propagandístico por el que los Barca construyen su política hispana y proyectan su influencia para llevar a cabo una guerra contra Roma, caso de Aníbal.

Es frecuente apreciar la figura de un hombre en sus caras, y en reversos se ven palmeras, caballos parados o proas de barco. Se trata, en el reverso, de los elementos tradicionales típicos de las emisiones de las cecas púnicas. En algunos casos representan retratos de los bárquidas… pero están representados con los siguientes atributos: una piel de león, una maza o bastón asociado a Hércules/Herakles. Se trata precisamente de la asociación de Herakles o Hércules con el dios fenicio Melkart, pues en el fondo se trata de mitos similares. Los bárquidas queda claro que quieren representarse con esta ambigüedad.

La idea-fuerza que se quiere representar es que Amílcar, Asdrúbal y Aníbal son asimilables a Herakles/Hércules/Melkart, dependiendo de si hablamos en latín, griego o fenicio, pero es la misma divinidad. ¿Por qué ese dios y no cualquier otro dios o diosa? Porque Herakles/Hércules llegó a la península ibérica dentro del contexto de sus “Doce trabajos”, una serie de pruebas que hubo de enfrentar en su categoría de semidiós y humano, como forma de catarsis. Entre otros, alcanzar la península, derrotar a Gerión, conducir su ganado a través de la costa y los Alpes hasta Italia.

Es interesante el hecho de alcanzar la victoria en España, engendrar dos hijos, que las fuentes nos dan los nombre de Iber y Celta, por consiguiente, los ancestros de los íberos y los celtas. Es el ejemplo de una victoria incontestable, definitiva. De alcanzar proezas que nadie más podría soñar con imaginar en un sentido absoluto o completo, como queda representado por el número 12. Pero… ¿acaso los Barca quieren ejemplificar algo más, además de victoria, superación, éxito?

Aníbal Barca, como cartaginés de nacimiento, y para mayor abundamiento, miembro de la oligarquía comerciante, es alguien que está totalmente helenizado. El proceso de helenización de Cartago se vuelve muy fuerte a partir del siglo IV a.C., con la expansión de Alejandro, la fijación de un modelo lingüístico común, el koiné o griego común y el ejemplo de Alejandro.

Ese modelo cultural llega a Cartago a través de Sicilia y se mantiene en el tiempo, a pesar de no perder su tradición fenicia. Y como tal es inculcado por el padre de Aníbal, Amílcar Barca, que proporciona a su hijo un tutor griego que instruirá a Aníbal en campos como la estrategia, la mitología y otros.

El fenómeno dirigido por los bárquidas forma parte de una imitación del modelo propagandístico de Alejandro Magno, pero adaptado al caso concreto de la familia Barca y su proyección geopolítica. Esto se produce con la apropiación de Melqart/Heracles/Hércules que hace, en este momento concreto, Aníbal. Melqart cuenta en Cádiz con un templo de gran prestigio, y para ello usa al dios como método para gestionar y dar difusión a sus políticas para Hispania y para la región del Mediterráneo.

Así, con un carácter previo y marcadamente propagandístico, antes de iniciar el conflicto con Roma, Aníbal acude a Cádiz, al templo de Melqart, siguiendo a Silio Itálico (III, 1 y siguientes) como a Tito Livio (XXI, 21), logrando de este modo revestir los sucesos que vendrán de un carácter sagrado, como voluntad del dios. Además, y no menos importante que lo mencionado, es el hecho de que Aníbal da una mayor solidez de esta forma a su persona, mediante la propaganda religiosa, adoptando los atributos del dios, para igualar sus gestas, y con todo ello, engrandecer la obra de los Barca. Así, por ejemplo, ya Asdrúbal insistió en este hecho desde su sede en Cartagena, donde aparece ostentado la diadema real, como si de un monarca helenístico se tratase.

También en esta época se produce la asociación entre Melqart y la diosa fenicia Astarté, asociada durante el marco de la época helenística, empezado en el siglo IV a.C. con Afrodita, y en los aspectos de diosa de la naturaleza y la fertilidad con Deméter. Astarté/Afrodita/Venus… asociada con el planeta que hoy conocemos con su nombre por su heraldo de la noche, es símbolo del amor erótico, pero también es diosa guerrera, y protectora de la navegación y los nacimientos, la regeneración y la fertilidad. Uno de sus amantes favoritos es el dios Ares/Marte, el dios de la guerra. No deja de ser interesante cómo Julio César tomará a Venus para el mismo propósito que Aníbal tomó a Melqart/Hércules/Herakles. La suma de Melqart y Astarté recibirá el nombre de Milkashtart.

Para Aníbal la gran referencia es, ya se puede intuir por lo mencionado hasta ahora, Alejandro Magno. Estamos ante el primer hombre del Mediterráneo occidental que desarrollará toda la parafernalia asociada a Alejandro Magno. Hasta el momento en la región del Mediterráneo occidental y central la guerra se resolvía de acuerdo con un patrón: se peleaba mediante enfrentamientos terrestres o marítimos, alrededor de ciudades o en puntos muy limitados en un aspecto geográfico. Aníbal es un salto adelante y una equiparación a la forma de hacer la guerra y entender la estrategia helenística, cuando introduce el cartaginés los métodos desarrollados por Alejandro Magno y sus sucesores, los llamados Diádocos: se amplían los escenarios, la táctica se flexibiliza, aumenta la velocidad y la dinámica operativa de los ejércitos.

De hecho, la imitación de Alejandro Magno, a veces casual, está presente en Aníbal. Ambos han de emprender una suerte de “guerra de venganza”, ambos son muy jóvenes cuando se hacen cargo del destino de sus seguidores, ambos emprenden una lucha titánica, ambos son veloces, ágiles, grandes estrategas. Ambos hacen uso de la diplomacia y de la propaganda para conseguir debilitar a su poderoso rival. Ambos cuentan con una diferencia en su contra en cuanto a reservas demográficas. Ambos se asocian a Herakles. Alejandro lo hará hacia el Oriente, mientras que Aníbal lo hará en el Occidente, en las columnas de Hércules. Ambos superarán ríos, grandes barreras montañosas, en el caso de Alejandro el mítico paso del Hindú Kush, Aníbal el cruce de los Pirineos y, ante todo, de los Alpes. Aníbal busca la huella de Alejandro Magno para poner en ella su pie.

Lo mencionamos más arriba, en este apartado, un tutor griego, el historiador Sósilo de Esparta, será quien abra los horizontes de vocación Universal de los griegos a partir de Alejandro Magno. De la mano de Sósilo de Esparta Aníbal entra en contacto con la Historia Militar y la mitología. Sus referencias obvias fueron Alejandro Magno y sus sucesores, Pirro de Epiro y la obra de reforma del genial Jantipo, aquel mercenario espartano tan brillante que propició la victoria que salvó a Cartago durante la Primera Guerra Púnica.

La imitación de Alejandro Magno por parte de Aníbal traza un paralelismo muy interesante. Como ya se ha esbozado, Alejandro Magno preparó su expedición a Asia en clave propagandística, mediante una ofensiva que llamaba a los griegos a aunar esfuerzos alrededor de su persona para vengarse de los persas por los daños y destrucción ocasionada por las Guerras Médicas, además de vengar la supuesta intervención mediante soborno de los persas que acabó con el asesinato de su padre, Filipo II de Macedonia, quien debería haber llevado la guerra a los persas. En Aníbal también hay ese espíritu de legado asumido, de venganza o reparación por acción dolosa del enemigo, haciendo un llamamiento helénico, pues se circunscribe a exactamente todos los helenos y los que participan del helenismo, caso de fenicios e itálicos del sur. Se trata de debilitar, al igual que hizo Alejandro Magno a los persas con los griegos de Asia Menor, los fenicios, los judíos y los egipcios, como movimiento previo para asaltar el poder concentrado en el “rey de reyes” de los persas.

Al igual que Alejandro, Aníbal porta una estatuilla del dios Herakles, en concreto la que portaba también Alejandro Magno. Un signo de comunión con el dios y con todos los devotos.

Además, recordemos que Herakles/Hércules, controló Hispania en el relato mitológico, tuvo dos hijos, que son los ancestros de íberos y celtas. Tampoco es casualidad que, por ejemplo, que Ogmios, el dios celta se asocie a un dios vestido con piel de león, que porta maza o clava, y arco y carcaj. Todos ellos los símbolos de Herakles. A través de la elocuencia atrae a sus fieles, y símbolo del poder de la palabra que une a dioses y a hombres. En su nombre se bendice a los amigos, pero se maldice terriblemente a los enemigos. Todos estos elementos están plenamente compartidos con todos esos pueblos.

No obstante, Roma llegado el momento, también entraría en el combate propagandístico espiritual, y opondría su contraparte a Aníbal. Su némesis perfecta.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s